Crítica de Nicky la aprendiz de bruja
Deliciosa fábula con todo lo bueno de Miyazaki. Arte que ya no se ve.
Entretenida película clásica en premisa, desarrollo y desenlace, un poco demasiado como para volar más alto
Calificación: ⭐⭐⭐
Esta no es una película muy única a pesar del título. De hecho, le pesa que sea demasiado clásica, demasiado Will Hunting, siempre bien hecha pero nunca sorprendente. Nunca por fuera de las líneas marcadas de su fórmula.
Esta suena bastante con que hayas visto un mínimo de películas, porque la premisa es la de joven humilde con talento especial, un oído demasiado fino para este mundo ruidoso en este caso, que trabaja como afinador de pianos.
En su periplo tropieza con malvados que quieren aprovechar su don para abrir cajas fuertes y el chico accede. Lo hace porque es un buenazo de manual y ha de ayudar a dos personas mayores, que son como sus padres, a vencer al verdadero malvado de la historia, la sanidad de los Estados Unidos.
Absolutamente todo es como esperas. Desde la relación con los villanos (al principio enrollados y luego demostrando que pactar con el diablo nunca sale gratis), hasta la relación con Dustin Hoffman y su mujer, pasando por la relación con la chica, hija de Lucy Liu que demuestra que el nepotismo es lo último que morirá en el cine.
Y de ahí hasta el final caminamos por una senda explorada mil veces, con una factura que saca un «bien» en todos los sentidos, pero ni consigue más nota ni lo pretende tampoco.
Lo único que destaca es la banda sonora, una pasada para quienes gusta del jazz y derivados, que no es mi caso.
Al final, pocos reproches que a su vez provocan pocas pasiones que permitan recordarla, quedándose para carne de domingo perezoso por la tarde, cuando ya te has visto todo lo que hay en tu plataforma de streaming.