Crítica de Backrooms
Las viejas mitologías de Internet desembarcan en el cine con un «está bien» algo irregular.
Un colosal aburrimiento hecho para exprimir el dinero de sus más acérrimos
Calificación: ⭐
Qué puñetero aburrimiento. Esas son las tres palabras que mejor definen a Torrente Presidente, la enésima revisitación de la misma mierda de siempre, pero con menos ganas que nunca y que apenas resulta una excusa para exprimir lo que quede de los fans de la saga y de los incautos como yo, sin otro refugio en la cartelera.
De verdad que resulta alucinante lo plana que ha quedado, lo poco interesante de todo lo que ocurre, una sucesión de cameos que no sorprenden por absolutamente nada, excepto por la muestra cruel de cómo pasa el tiempo para todos, especialmente para mí, que lo pierdo en mierdas como esta sin cualidades redentoras.
Porque todo lo que podía definir al espíritu del primer Torrente no está ni, por supuesto, se le espera o quiere.
En esta película, Torrente es candidato de un partido de ultraderecha llamado Nox (sutileza y originalidad por todas partes) y compuesto por personajes como el pequeño Nicolás y su actuación horrenda, que te saca de lo poco que te metes en la película, o el Bárcenas que no sé si canta, pero actuar desde luego, no.
Por supuesto, la crítica social y política es de baratillo, la de tu cuñado en Nochebuena, la de la brocha gorda para el aplauso fácil cuando sueltas esa gilipollez de que todos los políticos son iguales (menos los de mi cuerda, a los que ni saco ni toco en esta opera bufa, claro).
Pero sobre todo es la total ausencia de humor o gracia… y de transgresión, que al final es lo único que podría haber encendido alguna luz entre tanta mediocridad.
Al final, todo es un cuchillo romo, un esperar el pitido del árbitro, un desfile de personajes compitiendo por a ver quién lo hace peor o dice las líneas con menos espíritu dentro del cuerpo, porque parece que la vida abandona absolutamente a todo el que sale en la película en cuanto tiene que entonar una línea.
Los cameos están a la altura del resto de cosas, la del barro, la de un Trump interpretado por un Alec Baldwin retomando su personaje en Saturday Night Live, nada que insufle vida a una comedia que no es tal cosa, ni saca de uno más que las ganas de estar en cualquier otro lado.
En serio, qué tedio y, sobre todo, qué total falta de transgresión para una película que no puede ni vender eso.