Crítica de Backrooms
Las viejas mitologías de Internet desembarcan en el cine con un «está bien» algo irregular.
Película de sustos (que no de terror) del montón que se despeña a los 5 minutos.
Calificación: ⭐
André Øvredal ha firmado películas como Troll Hunter y La autopsia de Jane Doe, con lo que pensé que quizá El pasajero nocturno era una oferta de terror algo diferente. Pero sobre todo, es que era esta película o la del mandaloriano.
Al final la culpa es mía por tener expectativas, porque El pasajero nocturno no es más que otra muestra mediocre del irritante género de sustos (que no de terror), consistente en sobresaltar con ruidos fuertes e imágenes súbitas, algo para que lo que estamos biológicamente predispuestos.
Así que va encadenando mierdas de esas, pero es que ni sobresaltos consigue porque alguno de ellos te hace incluso reír de lo cutre que es, como el de la pantalla de tablet en el que de repente aparece un rostro como si fuera uno de aquellos vídeos de los 2000, que mandabas a los amigos para ver si te librabas de ellos provocándoles un infarto.
El resto de sustos no son mejores y la película se basa en ese efectismo y nada más, porque en cualquier otro elemento como historia, personajes o la ejecución de la confrontación contra el malvado, se circula por la carretera más plana, recta y aburrida posible.
De todos los caminos ante él Øvredal siempre coge el más trillado y eso hace que los poco más de noventa minutos que dura la película se hagan eternos, como si el verdadero terror estuviera en la condena a aburrimiento a la que te somete el film, y no en lo que sucede en pantalla.
Eso que sucede no tiene importancia alguna y los actores lo saben, porque le ponen una ausencia de ganas acorde.
Tampoco se lo puedo reprochar porque el material con el que tienen que trabajar es ínfimo y siempre tiende al denominador común más bajo posible.
Todos los tropos, todo lo que esperas está aquí sin posibilidad para ningún atisbo de sorpresa o inteligencia por parte de los personajes. Que está claro que en una película de terror estos tienen que ser profundamente idiotas en sus decisiones para que la historia pueda discurrir, pero es que aquí nadie se molesta en disimular.
Todo es un sinsentido, pero lo de la proyección en el bosque siniestro después del traumático encuentro de la protagonista con el malvado es ya de traca, menos creíble incluso que los elementos sobrenaturales.
El argumento es pura excusa, dos notas perezosas en un post-it después de una búsqueda en Google, igual que la resolución perezosa que se ve a la legua y te suena familiar, porque es la misma de las tres mil películas de idéntico pelaje que existen.
Tampoco es que la cinematografía ayude a nada, especialmente a crear tensión o atmósfera, porque el único recurso es dar vueltas con la cámara como un satélite alrededor del personaje y poco más.
Nada que destacar pues, excepto quizá los primeros minutos, que dan un pequeño atisbo de esperanza hasta que el coche que aparece se estrella y con él, también la película.
Si eres consumidor ávido de estas mierdas un domingo perezoso por la tarde, puedes esperar a que la pongan gratis en alguna plataforma de streaming. Para todos los demás, mejor dejarla en el limbo que merece.