Crítica de Shelter: El protector

Crítica de Shelter: El protector

Típica película Statham, casi imposible de recordar en cuanto termina, debido a su absoluta falta de imaginación o ganas.

Calificación:

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Supongo que hay un cupo de películas anuales de Jason Statham y, como pasa con las obligaciones, unas veces te pones a hacerlas con más ganas y otras con ninguna.

Por desgracia, Shelter: El protector pertenece al segundo grupo.

Porque nadie espera originalidad o innovación en estas historias, pero no estaría mal que tuviera algo, ya que la película flaquea por todas partes, especialmente, las que hacen de este tipo de films un entretenimiento de encefalograma plano, necesario a veces en un mundo que mejor no mirar durante un rato.

Sin embargo, en esta película no hay nada a lo que agarrarse para, al menos, una distracción, aunque sea minúscula. Al argumento ya sabemos que no podemos cogernos, porque es el de siempre, tipo duro y aislado que tiene un secreto y se ve obligado a salir de su vida adusta y atormentada por lo mismo de siempre, en este caso, otro clásico por no decir tópico, una niña en peligro.

A la originalidad tampoco puedes asirte, porque nos encontramos una Bourne de mercadillo en el que absolutamente nadie se sale del troquel de cartón piedra que el guion (que parece escrito por IA) ha dibujado.

Pero lo imperdonable es que la acción sigue el mismo camino mediocre, desganado, carente de imaginación, ausente de alma o excitación, de modo que los escasos momentos de conflicto son tan insulsos o más que el resto de aspectos de la película.

Así que no hay nada aquí, solo un ejercicio de dos dimensiones plano por todas partes, gris como los colores y la cinematografía, ausente de cualquier matiz, como la expresión de Statham.

El resto de personajes no son más que excusas, tópicos de opereta donde nadie se salva de ser un tropo. Mención especial para la pobre Naomi Ackie. Tampoco es que Statham le ponga ningunas ganas a pesar de ser un supuesto vehículo para su lucimiento, pero él está ahí solo para poner la mano y poco más.

No merece la pena ni verla un domingo por la tarde cuando la encuentres por los rincones de alguna plataforma, porque será un ejercicio de olvido y, francamente, cualquier película del estilo será igual de interesante o, con un poco de suerte, más.

Es increíble, casi una proeza, lo poco que te hace sentir y lo nada que te importa.

De hecho, he tenido que escribir estas líneas antes de que la película desapareciera de mi memoria, cosa que empezó a hacer, básicamente, en cuanto salí por la puerta del cine.

LO MEJOR

No sé, ¿que no es lo peor que he visto en mi vida?

LO PEOR

La planicie que hay en todo y la falta de huella que deja en nada.