Crítica de Backrooms
Las viejas mitologías de Internet desembarcan en el cine con un «está bien» algo irregular.
Una banalidad sin sentido o profundidad, un retrato fiel de lo que se representa, en definitiva.
Calificación: ⭐
Debo decir que no he visto la primera parte de esta película, pero si se parece a su continuación, no me he perdido nada, porque El diablo se viste de Prada 2 es un enorme monumento de dos horas a esa nada. A lo superficial, lo más hueco, insípido y vacío, trajes caros vistiendo a maniquíes sin alma o humanidad, en un mundo poblado por las peores personas y aspiraciones.
El argumento es tan vacío como el resto de lo que compone la película y lo peor son las ínfulas. Las de reivindicar con profundidad de colegial un periodismo en horas bajas que, la verdad, no creo que merezca la pena salvarse si la crónica que hace es sobre maquillaje sin nada debajo. Y mejor no hablar del fatigoso mundo de modas y marcas que no es más que timo y explotación que aquí, fugazmente, se quiere conectar con arte.
Te tienes que reír, pero desde luego no de la supuesta comedia de la película, que se reduce a la más absoluta nada de nuevo, a juego con el resto de cosas.
Los personajes tienen la misma profundidad falsa que el resto de cosas y ninguna cualidad redentora. Todo el que aparece es horrible, inmaduro, insoportable y abusivo hacia los que le rodean. Por supuesto, los únicos mínimamente bondadosos, como el personaje de Stanly Tucci o el ligue de Anne Hathaway, no son más que felpudos a ser pisados por las neuras de las inaguantables protagonistas.
Ni comento la caricatura del magnate tecnológico interpretado por Justin Theroux, pintado con un trazo tan grueso y caricaturesco como el resto de cosas.
Supongo que lo que ocurre es que no soy su público, pero es que no sé quién lo es, la verdad.
El lujo perezoso, la inaguantabilidad de todos los que salen, el no saber si esto es comedia, drama o crítica (no podía estar más metida con calzador la crítica fugaz a la IA, igual que cualquier otro destello de humanidad o conciencia de lo que les rodea) y que se quede en la superficie de todo, porque eso es lo único que hay, superficie.