Crítica de Backrooms
Las viejas mitologías de Internet desembarcan en el cine con un «está bien» algo irregular.
Otro olvidable churro de la máquina Pixar-Disney que vendió su magia por 30 monedas hace mucho.
Calificación: ⭐⭐
Hace mucho que Pixar se convirtió en Disney, que cualquier cosa que la distinguiera para bien quedó limada por la absorción y la consagración al mantra de que las películas son para ganar dinero y que nadie venga con tonterías de séptimo arte o similares.
Así que Disney ha hecho con Pixar lo mismo que con el resto de cosas que ha tocado (comprado), como Marvel o Star Wars. Las ha puesto dentro de su cadena de producción, eliminado cualquier atisbo de originalidad o identidad y puesto todo al servicio de un sistema que termina como el cuento de la gallina de los huevos de oro.
Hoppers es otro producto más de esa cadena de montaje donde cualquier asomo de arte es neutralizado y cualquier originalidad limada para que quepa en los cauces de la mediocridad de los comités de marketing, impidiendo que la película deje alguna clase de poso en la memoria.
Y eso que esta vez me pareció que la propuesta era algo (muy poco) superior a las películas anteriores del estudio que había visto últimamente (tan olvidables y consagradas a ordeñar dinero como cualquier otro producto Disney). Pero esa ligera mejoría no es decir prácticamente nada.
No sabía de qué iba y el argumento es un poco más original de lo que esperaba, pero ahí acaba la cosa. Pixar tiene una manera de crear historias y no se va a salir de esa estructura por nada del mundo, con lo que tenemos todos los elementos de siempre en sus películas, solo que ya demasiado vistos y ejecutados de una manera cansada, como quien desarrolla su tedioso trabajo diario sin alegría ninguna.
El doble antagonista, la redención de uno de ellos, la emoción cada vez más manufacturada con las relaciones familiares, especialmente con ancianos… Todo sabe a Pixar, pero abaratado, exprimido, estandarizado, exento de espíritu, subproductos de cadena de producción que le roba un poco más de alma a cada cosa que fabrica, dejándola hueca.
Así, no puedes decir que Hoppers esté mal, pero tampoco que sea memorable por algo, siendo la culminación de la conversión de las películas Pixar en contenido, esa horrible palabra que sirve para denominar elementos amorfos que ya no buscan emocionar, intrigar o inspirar sino, simplemente, matar el rato. Pasar la tarde de domingo con un ojo en la pantalla de la televisión y otro en la del móvil, tratando de no pensar.
Nada que destacar en definitiva.
Ir a un cine como al que suelo ir, que proyecta principalmente películas comerciales, es navegar un mar de mediocridad donde el peligro no son dragones ni sirenas en sus aguas, sino el eterno aburrimiento de que cada gota del océano sea tan indistinguible como el resto.